(Reproducimos el artículo publicado hoy, 12 de Junio, en la edición digital de LA CRÓNICA DE LEON-EL MUNDO, firmado por CARLOS DEL RIEGO:)
EL CCAN ESTÁ A PUNTO DE CERRAR SU POPULAR BUHARDILLA Y TRASLADAR SU SEDE

El CCAN es algo único, una auténtica singularidad. Como todos sus parroquianos (fijos o casuales) y en general el todo León cultural sabe, el club nacido en 1972 ha de cambiar de sede. Su entrañable y añeja buhardilla está en un edificio que va a ser restaurado y remodelado, lo que obliga al traslado. Hay varias posibilidades, aunque «aún no se sabe nada y así seguirá hasta que haya corporación municipal», señala todo un veterano del CCAN como es Javier Tomé, que también tiene claro que «será muy difícil volver aquí, y en todo caso sería en los bajos del edificio».
Lo que está claro es que el CCAN seguirá y lo hará con el mismo espíritu con el que nació hace ya 35 años, con el ansia de la subversión cultural, con la utópica intención de remover conciencias y denunciar a los centros de poder, con esas ganas de hacer rock & roll y otras modalidades culturales. Tres décadas y media y un traslado, pero el CCAN sigue caminando a contracorriente. Es su destino.
El CCAN nació como asociación ecologista, algo que llama la atención al comprobar que la fundación es de 1972 y ese movimiento surge en Alemania apenas unos meses antes. «Pero en realidad nació como lugar clandestino de reunión de rojeras que tenían otras inquietudes heredadas del mayo francés del 68, donde estuvieron fundadores como Sáez de la Calzada o Manolo Jular», puntualiza Tomé.
En 1980 el CCAN abre su ambigú, aunque anteriormente ya había acogido actividades culturales como exposiciones, proyecciones de cine en súper 8 o talleres de cerámica, y actos reivindicativos como los organizados contra la central nuclear de Valencia de Don Juan. Desde entonces apenas habrá pasado una semana sin conciertos, actuaciones teatrales, recitales de poesía, competiciones de ajedrez, presentaciones de libros y otros actos de carácter literario, charlas, debates, actividades de tema medioambiental, reuniones de grupos como los Amigos de María o los antiglobalización (MAL)… Sí, pocos locales han mantenido durante tantos años tanta actividad, «no sabría precisar, pero sólo en conciertos habremos ofrecido alrededor de 2.000, y apenas habrá grupo leonés que no conozca nuestro escenario; aun parece que estoy viendo la presentación de Deicidas, en 1982», recuerda Javier Tomé. Y también ha prestado gran atención a movimientos como el homosexual o el cómic, «por aquí pasaron históricos del cómic como Gallardo y Mediavilla, Giménez y todos los de León», explica Tomé.
El CCAN es un símbolo para muchos leoneses de varias generaciones, pues cuando uno entraba por vez primera en aquel ático quedaba enganchado por su encanto. «Algo debe tener cuando hay tantos artistas que se ofrecen para pintar y decorar, de hecho, cada año se cambia todo ello, de modo que siempre hemos gozado de la selva o el desierto, culturas mayas y aztecas, paisajes futuristas y, en fin, grafitis de todo pelaje», señala este veterano de la contracultura leonesa.
Siempre ha sido un refugio, el último reducto. «Y lo sigue siendo. Cuando nació se trataba de resistir, de oponerse a la dictadura; hoy hay muchos otros asuntos y la prueba está en las actividades contra el G-8 que hubo el otro día en las que participaron hasta chavales de 16 años que, por otra parte, no pueden entrar. Curiosamente ahora tenemos muchísimos jóvenes ‘Erasmus’. En fin, que nuestro espíritu crítico sigue vivo y seguimos combatiendo las desigualdades y las injusticias y reivindicando los derechos humanos y la ecología», reivindica Tomé.
Y durante toda esta semana, conciertos y actividades. En marcha hasta el final.
LOS AÑOS DEL DESÁNIMO Y LOS PROBLEMAS DE TAN SINGULAR LOCAL
La buhardilla del CCAN ha sufrido algún ataque de descerebrados y alguna denuncia por ruido o, como mucho, por alguna pequeña reyerta «pero por nada más ha venido la policía», deja claro Javier. Nunca fue necesario, puesto que todo León sabía que al CCAN se iba a charlar o leer, a reunirse y debatir de cine o de música, a disfrutar de alguna actuación o acto cultural. También han pasado épocas malas, sobre todo en los primeros años ochenta, cuando «cundió un poco el desánimo y se produjo un parón en la organización de actividades, pero a partir de 1985 las nuevas generaciones de socios dan un nuevo impulso, una nueva vida a la buhardilla. Además, coincidió con la explosión del pop y el rock leonés, hasta el punto de que todos pasaron por aquí». Desde entonces no hay semana sin actos. Y del mismo modo ha tenido que superar el problema de ser un segundo piso, pues «ha sido una faena para quienes precisaran de silla de ruedas o similar y también para los músicos, que tenían que subir instrumentos, pero siempre había quien echara una mano».
UN PIMIENTO DE ORO DE IDA Y VUELTA Y UN ESPACIO ESPECIAL
El CCAN también ha recibido algún que otro premio. «El Ayuntamiento de Ponferrada nos concedió, en 1974, el Pimiento de Oro por nuestra labor en el campo de la Conservación de la Naturaleza. Se trata un diploma enmarcado que de vez en cuando desaparece y al poco reaparece; la gente se lo lleva para casa, lo tiene unos días y luego lo devuelve. Y así estamos casi desde el primer momento». La gente del CCAN es así. Actualmente cuenta con unos 200 socios, pero con muchísimos más amigos de estos amigos de la naturaleza. «Es que este espacio tan recogido, tan acogedor y situado en algo tan bohemio como una buhardilla siempre le ha dado un carácter muy especial», subraya Javier Tomé. El CCAN seguirá funcionando, ofreciendo cultura (subterránea o contracultura) y negándose a aceptar realidades incómodas, pero será en otro local. El CCAN seguirá siendo el mismo sin su buhardilla, pero para muchos leoneses no será lo mismo, pues en aquel ambiente dejaron parte de su juventud, de su ingenuidad, de sus ideales e inquietudes.